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Domingo 1 junio 2014

La Oración Como Arma (Parte II)Thumb_01062014

Seguimos estudiando el arma de la oración como la parte final del Efesios 6, en los versículos 18-20: «orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.«. La oración viene a ser como el engrase de la armadura, la oración es una forma de abrirse delante de Dios, de poner el corazón y expresar lo que necesite ser expresado. Es así que Dios oye la oración y es bueno, misericordioso, clemente, poderoso, justo. Él no sólo oye sino que responde (en su tiempo) cada oración.

De esta manera, podemos estar seguros que Dios existe, Él es un Dios con el que podemos comunicarnos y en esa comunicación Él puede corregirnos, enseñarnos y hacer cosas grandes, entonces podemos orar en todo tiempo, en todo lugar y con toda clase de oración ya que Él está siempre presente para los que le invocan.

Hemos venido aprendiendo sobre la confesión de pecados, la súplica, el agradecimiento y el orar con la palabra. Ahora añadiré tres elementos más: el primero es la intercesión, hay un intercesor número uno, que venció la muerte, se sentó a la diestra del Padre y pide por ti de día y de noche, te ha salvado en muchas situaciones, te ha rescatado haciéndote parte de su rebaño e intercede por ti. Ese intercesor es Jesús y una vez que estamos en su rebaño nos enseña a interceder por otros. Practica la oración de intercesión que es eficaz y poderosa.

El segundo elemento es la oración de fe, es la que hace una persona creyendo, es orar con esa certeza de lo que se espera y con la confianza de lo que no se ve. Ore con fe y crea que Dios está oyendo, el puede hacer milagros. Ore sin dudar, con la confianza de que Dios, es un Dios Todopoderoso y Él hará.

El último elemento de esta enseñanza es la alabanza, aprendiendo a alabar al Señor en todo tiempo, no pierda la bendición de alabarle en todo tiempo, si no sabe hacerlo, puede hacerlo leyendo y declarando el Salmo 150, por ejemplo, con determinación y en el Espíritu, diga: “Alabad a Dios en su santuario; Alabadle en la magnificencia de su firmamento. Alabadle por sus proezas; Alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza. Alabadle a son de bocina; Alabadle con salterio y arpa. Alabadle con pandero y danza; Alabadle con cuerdas y flautas. Alabadle con címbalos resonantes; Alabadle con címbalos de júbilo. Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya”.

Pastor Samuel Olson