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Dios te ve

ferreira 7-4Génesis 21:14-17“Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba. Y le faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un arbusto, y se fue y se sentó enfrente, a distancia de un tiro de arco; porque decía: No veré cuando el muchacho muera. Y cuando ella se sentó enfrente, el muchacho alzó su voz y lloró. Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación. Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua; y fue y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho.”

Como introducción a este texto hay que entender que la situación de esta mujer en este momento no era nada fácil, era un momento de crisis, acababa de nacer Isaac el hijo de Abraham, y Sara, esposa de Abraham, le dice que no quería ver a Ismael ni a su madre Agar, de tal manera que escuchando la voz de su mujer tomó la decisión de despedirla.

Lo que vamos a ver a continuación en la vida de esta mujer es el resumen de cómo los seres humanos podemos resolver sencillamente los problemas que nos buscamos, y no vemos lo que Dios quiere hacer a través de ellos.

Hacía 17 años atrás, Sara sabiendo que era de avanzada edad al igual que Abraham, se le acercó a su esposo entregándole a su sirvienta Agar para que tuvieran un hijo, él accedió y tuvo un hijo llamado Ismael. Cuando Agar estaba embarazada comienza a volverse orgullosa por el hecho de que tendría al heredero, por lo cual Sara comienza a hacerle la vida imposible. En una oportunidad huyó al desierto y escuchó la voz de Dios que le preguntaba que hacía allí, a lo que respondió “huyo de mi señora, estoy hastiada en mi alma” y Dios le ordena volver a su señora pues haría de su hijo una gran nación.

Ella vio allí una fuente de agua y la llamó “La fuente del viviente que me ve”. Agar no conocía a Dios, no entendía al Dios de Abraham, pero lo llamó así, ella era una mujer egipcia, amante de los desiertos, cada vez que tenía un problema huía al desierto a llorar, a quejarse, allí conoció al Dios viviente. Probablemente Dios en medio de tu desierto quiere que tú le conozcas como el Dios viviente que te ve.

17 años después, nace Isaac, y Sara le pide a Abraham que saque a Agar e Ismael de su presencia y obedeció para deshacerse de ellos, nada más y nada menos que al desierto. Agar salió a caminar errante en el desierto, cualquier persona que pase por esto estaría errante sin saber qué hacer, sin dirección, con emociones enfrentadas, sin estabilidad. Se acaba el agua y acuesta al muchacho debajo de un arbusto, y se sentó a verlo de lejos, no quería estar allí, no quería verlo morir.Alzó su voz y lloró pues tenía la certeza de que iba a morir, pero el verso dice que Dios oyó la voz del muchachoy Dios le hace la misma pregunta que le había hecho 17 años antes “¿Qué tienes Agar? No temas porque Dios ha oído la voz del muchacho donde está”. No importa el lugar donde te acuesten y te dejen pensar que te vas a morir, lo que importa es que en ese lugar Dios también está y escucha tu llanto.

No te quedes sentado llorando por lo que no consigues, no te alejes a ver las cosas a lo lejos porque acercarte sólo te da ansiedad y frustración. Dios te dice que esa situación que dejaste allá es para que te levantes, Yo soy tu amparo y tu fortaleza, no puedes actuar como el que no tiene Dios, porque basta que abras tus labios para que esté allí para escucharte. Es momento de levantarte, alzar tus manos al Señor y sostener tu situación delante de Dios, porque haré contigo lo que necesito hacer, y lo Dios promete lo cumple.

Sólo allí en medio de esa situación dice la palabra que Dios abrió los ojos de Agar y vio una fuente de agua, llenó el odre y creció el muchacho honrando a Dios haciéndose tirador de arco. No importa donde estés, a Dios no le interesa como llegaste esa enfermedad, a esa situación,  sólo nos importa saber cómo vamos a salir de las situaciones y a Dios lo que le importa es tratar contigo y conmigo en medio de la crisis y hacerte saber que ahí donde estás escucha los gritos más silentes que tu alma pueda expresar.

Deja que su gracia calme tu sed, deja que su gracia empuje el profundo clamor del alma que tienes, deja que su gracia suelte el nudo de tu garganta, que llene tu vida en este momento y así como ese muchacho bajo el arbusto dio un grito silente ante su necesidad, levanta profundamente tu grito y tu clamor de lo más profundo del alma delante de Dios.

Hno. José Gregorio Ferreira

Culto de Ministración del Espíritu Santo

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